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Piel y diabetes

Piel y diabetes

Con la enfermedad de la diabetes, el cuerpo no produce insulina (o no funciona correctamente, en el caso de diabetes tipo 2), la hormona encargada de facilitar la entrada de la glucosa a las células para proporcionarles energía. Sin esta hormona, la glucosa se mantiene en la sangre y los niveles aumentan hasta producirse un exceso, que con el tiempo puede provocar problemas en los riñones, ojos, nervios... Y también en la piel.

¿Qué enfermedades cutáneas puede ocasionar la diabetes?

Acantosis nigricans: manchas de piel oscurecida que se dan sobre todo en la zona del cuello, las ingles y las axilas. No es tan habitual pero también puede darse en la zona de las manos, las rodillas o los codos. La acantosis nigricans está relacionada con el sobrepeso.

Alergias: reacciones alérgicas en las zonas cutáneas cercanas al punto de inyección de la insulina

Ampollas diabéticas: en manos, pies, dedos… No provocan dolor.

Dermopatía diabética: manchas marrones e indoloras en las piernas.

 

¿Qué podemos hacer para cuidar la piel diabética?

-          Proteger la piel del sol

Es importante mantener la piel protegida de la radiación solar. Aplicar crema solar de protección alta cada vez que se exponga al sol, evitar las horas de máxima radiación...

-          Extremar el cuidado en los pies para prevenir el “pie diabético”

Los niveles demasiado altos de azúcar en sangre pueden perjudicar los nervios y los vasos sanguíneos, por lo que puede provocar mala circulación en los pies y, por lo tanto, una pérdida de sensibilidad. Es peligroso porque pueden no notarse las heridas, úlceras… Utilizar calcetines de tejidos naturales que permitan la traspiración, sin elásticos ni costuras, zapatos amplios que no provoquen rozaduras y que no produzcan exceso de sudoración. Cortar las uñas con cuidado para evitar heridas y mantener la piel de la zona podal bien hidratada.

-          Higiene

Intentar tener siempre la piel limpia e hidratada para protegerla del polvo, cloro, sal, sudor, arena, suciedad, contaminación… Lavarla durante no más de 10 minutos, con agua templada, con jabón hipoalergénico sin perfume para evitar posibles molestias e irritaciones. Secar la piel con cuidado, especialmente en las zonas donde puede quedar humedad como los pliegues.

-          Hidratación

Beber como mínimo 2 litros de agua. La buena hidratación proporciona elasticidad y suavidad a la piel. Utilizar crema hidratante después de cada baño y como rutina diaria. 

-          Examinar la piel

Prestar atención en manchas rojas, zonas secas, picores, ampollas, cambios de color, de grosor, de elasticidad… Si es así, acudir a un profesional para asesoramiento profesional específico y para que prescriba un tratamiento si es necesario. 

 

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